Mi nombre es Anita hoy desperté muy agitada y llena de sudor, ya que soñé, bueno no fue un sueño, más bien recordé algo que creí haber olvidado, o que intentaba no recordar hasta hoy.
Todo comenzó cuando vivía en una colonia muy pintoresca, todos los días yo sacaba a pasear a mi dulce copo de nieve, todos los días el señor de la panadería me regalaba un rico y esponjadito panque de nuez, estaba recién hecho y calientito, era algo delicioso copo de nieve lo compartía conmigo siempre.
Un día hace aproximadamente diez años atrás, me sucedió algo que marco mi vida…estuvo muy extraño ya que el señor de la panadería no había abierto, chequé la hora, tal vez era muy temprano y aún no abría pero no, era la misma hora de todos los días; todo parecía muy solo y silencioso, pero no por eso dejaría de pasear a mi copo de nieve, fuimos al parque como todos los días solo que esta vez sin nuestro panquesito, estuvimos jugando mucho tiempo más de lo normal pero llego la hora de regresar a casa si no papa se enojaría con nosotras; al ir caminando a casa, me di cuenta que en la esquina siguiente de la panadería había un perro, uno que no había visto antes, pensé que eso era muy bueno, así copo de nieve tendría un nuevo amigo, caminé más rápido para que se conocieran ,el perro estaba muy atento de a donde íbamos y cuando estuvimos cerca el corrió hacia nosotros, eso indicaba que si le había caído bien copo de nieve, cuando llego a nosotras no fue bonito al parecer se había enojado, en cuestión de segundos ese perro ya le estaba clavando su filoso y grande colmillo en una pierna a copo de nieve, yo no sabía que hacer me quede pasmada viendo como ese perro despedazaba lentamente a mi indefensa perrita, parecía que lo estaba disfrutando, con todo el hocico lleno de sangre, se relamía los bigotes como si fuera lo más delicioso que había probado, toda la calle quedo con sangre trate de moverme para sostener a copo de nieve pero no pude mi cuerpo no reaccionaba.
Ese día mi vida cambio por completo, cada que pasaba por el lugar del incidente sentía en mi nariz ese olor espantoso a sangre, pero no cualquier sangre si no la sangre de una de las cosas que más eh amado, nunca jamás volví a tener otro perro.
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